5 motivos para desarrollar su política de viajes

“Demasiado cemento” es algo que se nos dice muy a menudo. Sobra hormigón en nuestras ciudades. El diseño abigarrado y duro de nuestras urbes no nos hace trabajar cómodos. Sumado eso a la rutina, el estrés, las prisas y los retrasos, el ruido, la polución y la monotonía… hace que nuestro trabajo parezca horrible. Queremos desconectar, irnos, evadirnos, descubrir nuevos lugares… pero, ¿debemos por eso dejar de ser productivos? Las vacaciones pagadas productivas son un nombre fantástico para un reciente fenómeno empresarial: vámonos fuera, pero a seguir trabajando. Y sin las molestias habituales.

¿Por qué viajar? He aquí 5 motivos para hacer la maleta y la valija a la vez.

1. Cambio de aires

Los humanos nos acostumbramos enseguida a lo bueno, los estudios sobre felicidad marginal decreciente lo han demostrado. Incluso aunque vivamos en la ciudad más bella y amable del mundo, acabaremos aburridos. Sí, somos así de caprichosos. Por eso necesitamos constantemente irnos, desconectar, ver nuevas imágenes a través de nuestros ojos. Haber visto muchas veces el Palacio Real de Madrid nos llevará a, quizás, querer ver Amalienborg o el Hermitage. Cambiar de comida, de clima, de temperatura, de olores y sonidos nos es muy necesario, aunque vivamos la más cómoda de las vidas. Si no la vivimos, ni comentarlo. Tenemos que irnos.

2. Potenciar

Además, si salimos de nuestro entorno habitual, es más fácil que trabajemos de manera más cómoda. No sólo las construcciones de equipos (el teambuilding) sino también reuniones normales, gestiones de procesos, discusiones de proyectos… se hacen de manera más cómoda si nos evadimos un poco y cambiamos de ambiente. La desconexión, la destrucción de la rutina, nos permiten trabajar de manera más cómoda y potencian nuestro resultado. Las mismas paredes de lunes a viernes nos acaban volviendo lentos.

3. Ocio

La manera de crear sentimiento de comunidad es, obviamente, incluyendo. Nadie se siente parte de un sitio de que es excluido. Si somos capaces de asociar el trabajo en equipo no sólo a la oficina, sino también a la diversión, al ocio… podremos ser más comunidad. Si no sólo somos compañeros de departamento para trabajar, sino también para echar un partido de fútbol o visitar un museo, es más que probable que mañana trabajemos mejor. Y claro, si somos capaces de disfrutar de un viaje entre todos, se genera sentimiento de comunidad. Los castellers catalanes tienen asignados roles en el castillo según su musculatura y su peso, excepto en la “pinya”, la base que sustenta el castillo. Ahí se suman todos a hacer colchón por si caen los demás. Por eso los catalanes dicen “fer pinya” (hacer “pinya”) cuando quieren hablar de trabajar en equipo. Todos bienvenidos, todos juntos y colaborando. Eso es inclusión y así se genera trabajo en equipo. Y, evidentemente, un viaje puede incluir tanto como un castillo, y seguramente con menos porrazos que una torre humana.

4. Recompensa

A todos nos gusta ser premiados. Si hacemos algo bueno, nos gusta oírlo. Por eso, una buena gestión o un proyecto finalizado con éxito puede ser una excelente excusa para irnos de viaje a celebrarlo y seguir “trabajando”. Comentar nuestros temas, ideas de futuro o sencillamente conocernos mejor y trabar amistades. Y claro, si lo hacemos porque se nos recompensa por nuestra actuación, nadie va a quejarse.

5. Profesionalidad

Y, evidentemente, estar cada dos por tres preparando viajes para la plantilla es un poco lioso. Una conferencia, una presentación, una reunión, unas jornadas, un incentivo, una feria… estar permanentemente pendiente de esto es muy, muy costoso. Es mucho más fácil confiar en un especialista para llevar a cabo su “política de viajes”. Piense únicamente en qué quiere y nosotros se lo haremos.