El futuro de los eventos se acerca: nace el eventógrafo

¿Cómo triunfa un evento?

El éxito de un evento no consiste únicamente en cuánta gente asiste, sino en qué sienten. Un evento es un espacio dónde la gente va a disfrutar, a vivir sensaciones fuera de lo rutinario, además de resolver el tema que les lleva a él. Discutir de cristal, caucho o fármacos empieza a ser un motivo brillante para experimentar. Un hecho corporativo puede ser la excusa para algo lúdico, cuyo fin ya trasciende la mera discusión profesional y llega hasta la búsqueda de la felicidad.

Poco tiempo atrás un evento empresarial era un simple vehículo para tratar temas profesionales. El montañismo o un paseo en globo no tenían nada que ver con trabajo y no se incluían en la reunión. Ahora ya no. El mundo de lo lúdico entra con fuerza en lo corporativo como táctica para construir equipos, descubrir habilidades o simplemente desconectar. Todo esto yace en la capacidad del evento de despertar emociones en sus asistentes. Ya no hablamos, pues, de números… sino de recuerdos. Un evento triunfa emocionando a quienes lo viven.

Gestión de la felicidad
La gestión de emociones hace su entrada en el mundo de los eventos. Cada vez más tendemos hacia escenarios donde lo fundamental es estimular la sensualidad del cliente antes que explicarle un programa. El márketing de los eventos está entrando en el terreno de lo sensorial como manera de buscar algo: la felicidad.

¿Hacia dónde se dirigen los eventos?
La idea de la “reunión corporativa” se deja de lado para dar paso al evento como una mezcla de leisure y business. Para conseguirlo entran cinco conceptos que van a redefinir la gestión de un evento hacia el diseño de eventos, es decir, la eventografía. El nuevo mérito va a ser la capacidad de diseñar una experiencia total.

1. Narración
Un evento corporativo ya no es sólo una reunión. Es una excelente excusa para añadir un capítulo mágico a nuestra novela vital. Cada capítulo de un libro cuenta algo. Un evento también debe contar algo. Debe transmitir una narración que conduzca el evento. De aquí al guión en tres actos puede faltar muy poco.

2. Eventoscenia
Toda obra tiene una escenografía. Imagine una fantasía retrofuturista para unos diseñadores de telefonía, mire a su alrededor y véase rodeado de curiosos circuitos eléctricos, condensadores, fusibles, diodos… como los habrían imaginado en 1850. Haga la reunión sobre un nuevo motor… dentro de un motor. Mirar al techo y ver bielas y cilindros. Discuta la estrategia de sus astilleros en el comedor de un submarino. Y todo esto, tal vez sin salir de una sala. Los eventos nos piden una nueva escenografía, una nueva ambientación que sumerja en la temática y dé un sentido de absoluto al encuentro. La música, el diseño industrial o la escenografía se están acercando a marchas forzadas a nuestro sector hasta llegar a definir un nuevo término, la eventoscenia, la ambientación del evento.

3. Autenticidad
No importa qué hagamos, pero debe ser auténtico. Hay fantasías muy auténticas (como el citado retrofuturismo). Podemos contar historias estrambóticas en ambientes de cuento de hadas, pero deben ser percibidos como dotados de identidad propia. Nada fastidia más una historia (o un evento) que lo postizo.

4. Rotación de la pasión
Si somos capaces de apasionar a nuestros asistentes generaremos un mecanismo que se retroalimenta. La pasión se expande, se comunica y permanece. Ser capaces de apasionar, de hacer que la gente se sienta vinculada a nuestra experiencia, mejora el desarrollo del evento. El simple contentamiento no se vuelve viral, el apasionamiento sí.

5. Anhelado y recordado
Un evento no es “ahora”, es antes, durante y después. Es “siempre”. Debemos ser capaces de gestionar las emociones del cliente antes de realizar el evento, gestionar el evento en sí mientras sucede y después ser hábiles y tratar el recuerdo del cliente para convertirlo en un nuevo deseo. Debemos ser capaces de entender que el anhelo es cíclico, todos nuestros deseos giran y se retroalimentan.

Resumiendo, un evento y su márketing ya no es sólo cosa de sociología, sino de sensualidad. El cliente pide sensaciones, pide felicidad, pide estímulos, historias, olores, colores, sonidos… placer. En manos de nuestros futuros eventógrafos está dárselos.