Habitación con vistas, por Lídia Mateo

Cuando empiezas a pensar en las vacaciones de verano, te imaginas tumbada en la playa, rebozada de arena hasta las cejas, porque te has puesto tanta protección solar para no parecer una gamba de Palamós, que al final pareces un langostino en tempura. Con tus gafas de sol para hacerle creer a tu marido que duermes mientras tu hijo le tira arena al vecino que duerme plácidamente. Escuchando la brisa del mar y saboreando el calor de Agosto a pleno sol, que es tan intenso que puedes hasta masticarlo, tomando un mojito fresquito bajo las palmeras. 

Así es como me las imaginé yo. Pero para nada me imaginé empezar mis vacaciones entre paredes blancas, de una habitación fría, silenciosa, sin escuchar la brisa del mar. Dónde los mojitos se convierten en botellas de suero. Dónde no tienes que preocuparte por ponerte protección solar, porque en vez de convertirte en un gambón puedes volverte transparente. Pero todo tiene una parte positiva, y hay que mirar siempre el lado bueno de las cosas.

De repente, te encuentras instalada en una habitación de hospital, con la pulserita del todo incluido. Te tratan de maravilla y hasta te dan un botoncito que si lo aprietas vienen a verte en segundos!!

Y después de estar unos días tumbada sin hacer nada, puedes salir a pasear tranquilamente por los pasillos, donde te cruzas con otros huéspedes que también han cambiado sus vacaciones de playa por una estancia en el hospital.

Sin dudarlo, son unas vacaciones diferentes, de relax absoluto!! No tienes que preocuparte de nada porque te lo dan todo hecho!
Así que yo os recomiendo que soñéis con vuestras vacaciones ideales, os imaginéis en ése destino ideal disfrutando al máximo y lo hagáis realidad. Y si alguna vez tenéis que pasar vuestras vacaciones en un hotel como el mío, disfrutarlo al máximo, que la vida está para disfrutar y sacar todo lo mejor posible de ella!

¿Que qué saqué yo? Una habitación con vistas.